“Cuando escucho el Arrebato me entran ganas de invadir
Polonia” Sirva la frase del genial Woody Allen para homenajear a una afición y
a un equipo que anoche se coronó por cuarta vez en su historia campeón de la
segunda competición continental.
Subido a lomos de su inmensa afición, ejemplar en el apoyo,
en los cánticos y en el respeto al rival cuando Matheus dio el susto de la
noche al caer desplomado al suelo (demasiados recuerdos, demasiadas fotografías
mil y una veces vista…) el Sevilla conquistó Varsovia y no fue fácil, al menos
no tanto como auguraban aquellos a los que Dnipro les suena a marca de
zapatillas de correr (ayer footing, hoy running), los ucranios son un equipo
duro, organizado, con algún futbolista atractivo (Matheus, Rotan, Kalinic…), un
portero raro pero que para balones imposibles (Boyco) y un proyecto de estrella
mundial que acaba contrato y tiene 25 años (Konoplyanka)
Decíamos que el himno del Arrebato fue la banda sonora
principal del choque de ayer pero también sonaron polcas en honor a Krychowiak,
un pulmón con alma de artista, vallenatos por el colombiano Bacca, dos goles y
una asistencia de puro 9 de área, tangos por Banega, de conflicto permanente a
amo del tempo del partido por obra y arte de Emery, o alegrías por Reyes, en mi
equipo SIEMPRE en noches grandes.
Empezó el partido con una declaración de intenciones de
Emery: Aleix lateral… Ataque, ataque y ataque, y así fue, salió mandón el
Sevilla pero en el minuto 6 un balón largo del lateral derecho fue peinado por
Kalinic (frio, duro, croata) que tras comerle la tostada a Kolo acudió puntual
al segundo palo para rematar un buen centro de Matheus que le había cogido la
espalda a Tremoulinas, 1-0 ¿falló Rico? Se lo perdonaremos, no es Casillas…
Emery pidió tranquilidad a los suyos y poco a poco el
partido volvió a lo esperado, el Sevilla atacaba y el Dnipro se defendía apoyado
en el gran partido de Kankava en la tarea de aguador. Tras dos córner con
peligro, fuera Carriço y paradón de Boyco a Krychowiak, el polaco empató el
partido, córner sacado en corto, balón al área, pantalla perfecta de Bacca y
llegada desde atrás del 4 que la pega fuerte seca y dura a la base del poste.
26 minutos: Volver a empezar… No si tienes a Reyes en tu
equipo, poco después del 1-1, el sevillano sacó su alma de artista y con un
perfecto pase interior habilito a Bacca que tras regatear al portero definió
como los ángeles su primer gol de la noche.
Parecía todo hecho y el Sevilla, cometió ese error, replegó líneas
y permitió a los ucranios achuchar, siempre por banda izquierda, siempre con Konoplyanka
como estilete, con ese estilo tan de Robben que gasta el extremo zurdo, balón pegado
a bota derecha y diagonal interior para acabar chutando con intención. Rico
salvó la primera pero, a la segunda, Rotan, otro con un guante en la pierna, le
coló una falta suavecita por encima de la barrera, al filo del descanso, que restablecía
el empate.
Tras el tiempo de asueto, el partido se igualó, las
ocasiones eran escasas y Banega cogió el timón, mandó y ordenó a su equipo
entorno al balón, que también estaba atento en defensa y presionante arriba,
fruto de esta presión, Vitolo, que no estuvo bien pero siempre da un plus de
intensidad a sus equipos, robó en la frontal del área y dejo solo a Bacca ante
Boyco al que batió de exterior al primer toque tras dejar correr la pelota. El
Dnipro supo que hasta allí había llegado, que su final estaba acabada y solo Konoplyanka
intentó algo, hasta el susto de Matheus que quedo en nada, afortunadamente.
El Sevilla era campeón de la Europa League por segunda vez
consecutiva y cuarta en su historia, y al ritmo que marca su emocionante himno,
hizo ondear en Varsovia la “bandera rojiblanca del Sánchez Pizjuán”



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