domingo, 25 de mayo de 2014

VISIÓN DEL AHOGADO


Cuentan que poco antes de morir, de fenecer en las profundidades marinas, el ahogado, ve pasar su vida en imágenes por delante de sus ojos. Desconozco si es verdad, pero, de ser así, a todo Atlético ayer, mientras Sergio Ramos se elevaba en el aire para marcar el gol del empate, se le vino a la cabeza lo sufrido a lo largo de su siglo y pico de historia, el gol de Schwarzenbeck y el de Tamudo, el descenso a los infiernos contra un equipo de Luis Aragonés, el 4-1 del Levante de Ettien, el Papá: ¿Por qué somos del Atleti?… Todo aquello que Simeone, algo más que un entrenador, “si él nos dice que nos tiremos de un puente, lo haremos sin dudar” –Palabras de Tiago en la previa-, ha logrado desterrar en los últimos dos años y medio de gloria constante.

Si alguien mereció el titulo ese fue el conjunto rojiblanco, y no por juego, que no lo hubo, ni por oportunidades, que se cuentan con los dedos de una mano, si no por ganas, por fuerza y por colectividad, por soñar juntos para que nadie tenga pesadillas, por partirse la cara por el compañero y por el Cholo.

La final empezó igualada, el Madrid tenía el balón pero no encontraba a Xabi Alonso, ni a Redondo, Modric no daba abasto y Khedira, sin forma, pronto sucumbió ante un imperial Tiago y un Gaby al que le sobran pulmones y huevos para llevar al equipo de su alma a rastras. Pronto supimos que la placenta de caballo no es la panacea, pues Costa no duró más de 10 minutos y su sustituto, Adrián, se unió al trabajo en mediocampo para virar el mando del partido. Nada pasaba, el partido era insulso, Ronaldo no aparecía y Bale nos daba la razón a los que creemos que 100 millones no valen que Mata no juegue con esa camiseta.

DE REPENTE GODÍN: Fue un balón al área, en teoría intrascendente, el que abrió el marcador, Godín, héroe de la liga, lo peino para atrás y Casillas, santo una y mil veces, esta vez fue el demonio, salió donde no debía y permitió el gol del Atlético. Corría el minuto 36 y de ahí al descanso el Madrid fue un amasijo de nervios, Sergio Ramos quería sacar los córner y rematarlos, Khedira seguía sin poder llevar el peso, hasta Varane, de natural tranquilo, cometió  dos fallos impropios de su calidad, el descanso parecía lo mejor que les podía pasar a los blancos y con 0-1 se llegó a él.

VOLVER A EMPEZAR: El descanso le vino bien al Madrid que agarrado a Di María y Carvajal (no volveré a dudar) empezó a llegar más y más, no eran ataques claros, pues Benzemá estaba espeso y Cristiano en espacios cerrados no es Messi, ni su hermano pequeño, pero sí intensos. El doble cambio de Ancelotti –Marcelo e Isco por Coentrao y Khedira- dio aun más presencia ofensiva al equipo y obligó a Juanfran y a Gaby a no pasar de su campo. Cuando en el 82 Filipe se retiró lesionado y entró Alderweireld, un desastre belga con nombre de caniche –Toby- y peinado de tronista de Hombres mujeres y viceversa, el Madrid ya había acumulado meritos para no ir perdiendo, pero no fue hasta el minuto 93 cuando Ramos, en un cabezazo perfecto, firmó la igualada y llevó el partido a la prorroga.


VENDABAL: Los 30 minutos de prorroga solo tuvieron un color, el blanco. Di María firmó la jugada del partido y Bale, otra vez él como en Mestalla, hizo el 2-1 –adelantándose a Alderweireld-  que ahogo al Atlético, nada podía consolar a la tropa del Cholo que vio como Xabi Alonso saltó al césped desde una grada en la que no podía aguantar los nervios, cuando Marcelo hizo el tercero y Ronaldo el cuarto, de penalti injusto, el ahogado ya había visto su vida en imágenes y se preguntaba…Papá ¿por qué somos del Atleti? y el Madrid le recordó al mundo que, una vez más, es el rey de Europa. 

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